martes, 14 de abril de 2015

Eduardo Galeano

  • "Mientras dura la mala racha, pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves, lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción."
  • "La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia atrás: por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será."
  • "No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta."
  • "Yo me duermo a la orilla de una mujer: yo me duermo a la orilla de un abismo."
  • "Pequeña muerte llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace."
  • "El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces."
  • "El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, no lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo."

Ruleta.

Siempre que me propongo como meta crear algo, suelo darle un titulo cuando quedo totalmente conforme de que el contenido refleja exactamente (o aproximadamente) lo que yo quiero mostrar. 

Pero está vez no. Si cierro mis ojos lo único que veo es una ruleta, soy yo la que permanece en el medio. Esa ruleta gira tan rápido que no puedo reaccionar, trato de visualizar todos los espacios en blanco que hay aquí, no hay un sitio que no acelere la velocidad segundo tras segundo. 
Es una trampa dulce y letal, me tiene confundida, paralizada, quiero llorar porque tengo miedo, pero no tengo el tiempo suficiente para demostrar debilidad. 
Espero los minutos, las horas, los días hasta que esto se haga cada vez más pausado y yo sigo ahí en el medio. Veo la oportunidad y me largo a correr contra uno de los huecos que me brinda como esperanza está ruleta, pero lo que observo es que del otro lado, en cada hueco hay un sentimiento y un nombre. Doy media vuelta de está manera camino hasta el otro extremo, lo veo a él, noto que es del único lugar que entra un poco de luz, siento una sensación cálida que me abraza y simplemente ya no quiero abrir los ojos ni quiero seguir aquí adentro. 
Creo haber pasado tantos minutos en ese trance que ya ni me acuerdo por la cual es tan importante salir, o quizás sea una prioridad dejar de ser el centro de está ruleta. Hay alguien que me está esperando, que desea con todas sus ansias poder ayudarme a salir, es que no sé si ahora quiera salir de esté sitio. Sé que es la oportunidad que tanto estoy esperando, pero sé que las historias terminan y darle un comienzo a esa dicha, sería atreverme a pensar en una fecha final. Sería acostumbrarme a la presencia de una ausencia que me dejaría totalmente vacía. 
Retrocedo diez pasos, me alejo lo suficiente de esa ventana con esa preciosa luz, estoy tan hundida en está oscuridad que empiezo a sentirme desolada otra vez.
Ahí va mi primer error, una chance perdida y la energía necesaria para que la ruleta empiece a tomar más fuerza fue desperdiciada. 
Días tras días y no he vuelto a ver ni siquiera un rayo de sol, fuera de esté circuito solo hay tormentas, los truenos caen tan cerca que cada vez estoy más aturdida y asustada. La soledad es una buena compañera solo cuando la queremos, pero muy mala consejera cuando sólo hay confusión. 
Nunca pensé sentirme así de hundida, sentada en lo más profundo de un abismo y rodeada de una ruleta que pocas veces me dejo en claro si me está protegiendo o me está arruinando silenciosamente. En un minucioso instante de silencio mental, una frase tan deliciosa invade mi mente

"Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen..."

"Pánico" se repite en mi mente, "pánico" una y otra vez... ¿Será eso lo que bloquea mis ganas de ser libre? ¿Pánico de errar y lastimar? ¿Pánico de perder todo lo que hoy me abraza? Pánico de protagonizar mi propia novela, puedo entender hoy, que es eso.
Pasan semanas, hasta que está ruleta vuelve a tomar un ritmo más apaciguado, empiezo a caminar hasta esa grieta que permite a la brisa chocar con mi rostro, está ahí nuevamente, esa luz, ese calor tan familiar y está vez no lo dudo, simplemente no lo pienso y huyo de esa maldita ruleta que me condenaba a un dulce olvido, a un error inminente. 
Él está ahí, se acerca a mi, me toma la mano y me aleja de aquél sitio, aunque por más que caminemos lo más lejos que podamos, la ruleta va a estar siempre invitándome a pasar. Esa invitación sutil que te atrapa sin un previo aviso. Pronto alejo cualquier pensamiento que me traslade a un futuro incierto. 
Camine de su mano meses hasta llegar a un puente que al cruzarle se abren distintos caminos. Me hace elegir el sendero que más quiera, me suelta la mano y comprendo que elija el camino que elija, al final hay una ruleta y una salvación para mi. 
Mi salvación, mi luz, mi ruleta. Siempre él. 

viernes, 10 de abril de 2015

Cuando el dolor del alma y del corazón es grande, lleva tiempo reponerse y a veces no lo tenemos fácil, por eso:
Se vale estar triste de vez en cuando.
Se vale no ser la persona entusiasta y alegre que sueles ser día a día.
Se vale estar y sentirse rotos por dentro.
Se vale querer permanecer en silencio, sólo escuchando sin decir nada.
Se vale dejar que tu corazón llore incluso hasta que sientas que ya no te quedan más lágrimas por derramar.
Se vale abrazar recuerdos aunque ellos te proporcionen un momento fugaz de tranquilidad y felicidad.
Se vale hacer y decir todo lo que sea necesario para superar ese duelo, que para eso somos humanos.